Anayet y Gredos. Si la intención era dejar claro que la nueva Galloper quiere asumir una identidad española, difícilmente podría haber elegido dos nombres más explícitos.
El primero nos lleva a los Pirineos Aragoneses, a un antiguo sistema volcánico que alcanza los 2.574 metros de altitud. El segundo atraviesa Ávila, Cáceres, Madrid y Salamanca hasta llegar a los 2.592 metros del pico Almanzor, el punto más alto de la Sierra de Gredos.
También son los nombres elegidos para los dos vehículos que van a resucitar una marca que estuvo desaparecida durante más de dos décadas.
Según el “El Economista”, Galloper acaba de confirmar que Anayet será su nueva pickup, mientras que Gredos identificará al SUV todo terreno con el que la compañía inicia esta nueva etapa.
Pero basta mirar lo que hay debajo de los nombres españoles para entender que este regreso es bastante distinto de aquel que los antiguos clientes de Galloper podrían estar esperando.
Una Galloper distinta de la que se recuerda
La historia original comenzó en Corea del Sur.
El primer Galloper nació a principios de los años 90 de la mano de Hyundai Precision Industry y tomaba como punto de partida el Mitsubishi Pajero. Se convirtió en un 4×4 relativamente accesible y también llegó a Europa, incluido Portugal.
Esa Galloper acabó por desaparecer. Ahora regresa el nombre, pero no la empresa que estaba detrás de él.
La nueva Galloper Ibérica es una compañía de capital español y los automóviles que irá a vender serán fabricados por Coronet bajo licencia de Zhengzhou Nissan, empresa conjunta formada por la china Dongfeng y la japonesa Nissan.
Es precisamente por eso que algunos rasgos de los nuevos modelos pueden parecer familiares.
El Gredos está relacionado técnicamente con el Dongfeng Paladin/Nissan Terra y mantiene una receta cada vez menos habitual en el mundo de los SUV: chasis de largueros y travesaños, tracción integral y una arquitectura pensada desde el inicio para uso fuera de carretera.
Galloper cambió de nacionalidad, de propietarios y de socios industriales.
La filosofía, al menos en el papel, no cambió tanto.
Un motor para dos 4×4 muy diferentes
Tampoco será necesario elegir entre gasolina, diésel, híbrido o eléctrico.
Al menos en esta primera fase, Gredos y Anayet siguen una receta bastante más simple.
Ambos recurren a un motor 2.0 turbo de gasolina con alrededor de 220 cv, asociado a una caja automática de ocho velocidades y tracción a las cuatro ruedas.
Es a partir de aquí cuando los caminos se separan.
El Gredos fue pensado para quien quiere un todoterreno que pueda seguir cumpliendo las funciones familiares de un SUV. Mide 4,88 metros, ofrece cinco plazas y anuncia 748 litros de capacidad de maletero.
Pero los números que mejor revelan sus intenciones tal vez sean otros: 32 grados de ángulo de ataque y 27 grados de salida.
El Anayet cambia el maletero por una caja de carga.
La pickup se extiende hasta los 5,29 metros y pone a disposición una zona de carga de aproximadamente 1,51 metros de longitud y 1,56 metros de anchura. La capacidad anunciada ronda los 490 kg y la distancia al suelo llega a los 219 mm.
Incluso la suspensión delata la diferencia de funciones: mientras el Gredos utiliza una solución trasera multilink de cinco brazos, el Anayet mantiene un eje rígido y muelles de lámina, una configuración tradicionalmente asociada a vehículos de trabajo.
Es decir, comparten gran parte de la mecánica, pero no intentan desempeñar exactamente el mismo papel.
¿Por qué Anayet y Gredos?
La elección de los nombres tampoco fue casual.
Para la pickup, Galloper buscó en Anayet conceptos como fuerza, energía y transformación. Para el SUV, acudió a la Sierra de Gredos para asociarlo a la montaña y a la capacidad de enfrentar terrenos difíciles.
Carlos Lobato, CEO de Galloper, explica que la intención es establecer un vínculo entre los automóviles y el país donde nació esta nueva encarnación de la marca.
“Queríamos que los nombres de nuestros vehículos tuvieran una conexión real con España y con su geografía”, explicó el responsable.
Y Anayet y Gredos no deberían ser excepciones.
La intención de la empresa es seguir buscando en la geografía española los nombres de los próximos modelos, creando una especie de mapa automovilístico a medida que la gama crezca.
Y el mapa podría cruzar la frontera
Aquí es donde el regreso de Galloper empieza a resultar especialmente interesante para Portugal.
La primera etapa comercial será España, donde la marca está preparando su red de distribución y pretende colocar los nuevos modelos en el mercado aún este año.
Pero Galloper Ibérica no adquirió derechos solamente para el territorio español.
Portugal está incluido, junto con Andorra, Italia y Marruecos, entre los mercados cubiertos por la operación de la empresa. Eso no significa que exista ya una fecha confirmada para la llegada del Gredos o del Anayet a los concesionarios portugueses. Tampoco se han anunciado precios específicos para Portugal ni una red nacional.
Significa, sin embargo, que la frontera no constituye el límite previsto para este proyecto.
Una vieja receta en un mercado que ha cambiado
Quizá sea precisamente ahí donde reside la mayor curiosidad de este regreso.
Cuando los primeros Galloper llegaron a las carreteras europeas, un todoterreno con chasis separado, mecánica relativamente simple y precio competitivo no era una propuesta particularmente exótica.
Más de tres décadas después, el mercado ha cambiado.
Los SUV han conquistado prácticamente todos los segmentos, pero gran parte de ellos dejó atrás la arquitectura tradicional de los verdaderos todoterrenos. Electrificación, plataformas monocasco y prioridad al comportamiento en carretera transformaron profundamente la categoría.
Galloper regresa precisamente por el camino contrario.
Dos modelos grandes, motor 2.0 turbo de gasolina, caja automática, tracción integral y una arquitectura claramente orientada a salir del asfalto.
Es una apuesta curiosamente antigua para una marca que está empezando de nuevo.
Y quizá por eso Anayet y Gredos son nombres particularmente adecuados: Galloper ha buscado dos montañas para intentar entender si todavía hay espacio para subir en un mercado donde casi todos eligieron otro camino.