Portugal acada de dar un paso más para colocar vehículos autónomos en las carreteras, tras adherirse este martes a una iniciativa europea destinada a crear grandes zonas de pruebas transfronterizas, que permiten que automóviles y otros vehículos con sistemas de conducción automatizada puedan ser probados en distintos países bajo normas cada vez más coordinadas.
¿Pero significa eso que vamos a empezar a encontrar coches sin nadie al volante en las carreteras portuguesas? No necesariamente.
Lo que se está construyendo es la infraestructura jurídica, tecnológica y física necesaria para que las pruebas puedan escalar y, en el futuro, abrir camino al uso comercial de la conducción autónoma.
¿Qué ha pasado ahora?
Portugal firmó este martes, en Bruselas, una declaración europea destinada a acelerar la implementación de la conducción autónoma.
Según la agencia Lusa, Portugal, Noruega y Eslovaquia se han sumado a la iniciativa, después de que España se adhirió la semana pasada, elevando a 22 el número de países involucrados.
La intención es crear grandes zonas transfronterizas de pruebas de vehículos autónomos en Europa.
En la práctica, se pretende evitar que un vehículo experimental pueda circular en un país y encontrarse con reglas completamente diferentes al cruzar la frontera.
¿Portugal va a tener coches autónomos en las carreteras?
Puede haber, y el marco para probarlos en vías públicas ya se está creando.
Portugal aprobó este año una legislación específica para permitir pruebas de sistemas de conducción automatizada y autónoma en carreteras públicas.
El régimen abarca vías bajo la responsabilidad del Estado, de las regiones autónomas y de los ayuntamientos. Eso no significa una autorización general para que cualquier fabricante ponga un automóvil sin conductor en la carretera.
Las pruebas dependen de autorización y están sujetas a condiciones específicas de seguridad.
¿Un coche puede circular completamente solo?
Aquí conviene distinguir la conducción asistida de la conducción autónoma.
Muchos automóviles actuales pueden permanecer dentro de su carril, adaptar la velocidad al vehículo de delante, frenar automáticamente o incluso cambiar de carril en determinadas circunstancias. Eso no significa que sean verdaderamente autónomos.
En los niveles más avanzados de automatización, el sistema asume progresivamente las tareas que hoy corresponden al conductor.
El objetivo final es llegar a vehículos capaces de realizar determinados viajes sin intervención humana.
Las pruebas realizadas en Portugal, sin embargo, deberán cumplir requisitos de seguridad y prever supervisión humana. Esa supervisión podrá, dependiendo del sistema autorizado, realizarse de forma remota.
¿Entonces puede que no haya nadie al volante?
Esta posibilidad existe técnicamente dentro del modelo de pruebas, pero no significa que los vehículos queden sin supervisión.
El régimen portugués exige mecanismos que permitan seguir el funcionamiento del vehículo e intervenir cuando sea necesario.
Además, los operadores deberán presentar planes de seguridad, cumplir requisitos de ciberseguridad, disponer de seguros adecuados y conservar información sobre el funcionamiento de los sistemas.
El principio es sencillo: probar tecnología autónoma no puede significar retirar la responsabilidad humana del test.
¿Por qué se necesita una red europea?
Porque uno de los grandes obstáculos para la conducción autónoma no está dentro del coche. Está fuera de él.
Carreteras, señalización, telecomunicaciones, legislación, mapas digitales y normas de circulación varían entre países.
Un coche autónomo desarrollado exclusivamente para funcionar en un entorno determinado puede encontrarse con dificultades cuando enfrenta señalización distinta, obras, condiciones meteorológicas imprevistas o normas de tráfico de otro país.
Europa, por ello, pretende crear entornos de prueba lo suficientemente grandes para descubrir esos problemas antes de la utilización comercial de la tecnología.
Y un viaje internacional representa un test mucho más exigente que circular repetidamente en un área controlada.
¿Qué se podrá probar?
No se trata solo de automóviles privados.
La conducción autónoma también interesa al transporte público, a vehículos comerciales y, sobre todo, a la logística.
Camiones capaces de recorrer largas distancias con un alto grado de automatización son una de las posibles aplicaciones de la tecnología.
Autobuses autónomos podrían asimismo utilizarse en itinerarios específicos y previsibles, mientras que vehículos de menor tamaño podrían realizar entregas en entornos urbanos.
Es precisamente por la diversidad de usos que se consideran esenciales las pruebas en condiciones reales.
¿Qué pasa si hay un accidente?
Esta será una de las cuestiones más delicadas a medida que la tecnología avance.
En un coche convencional, la responsabilidad del conductor es relativamente fácil de identificar. En un vehículo autónomo, intervienen otros actores en la ecuación.
Un accidente puede resultar de una decisión humana, de una falla mecánica, de un sensor, del software, de información incorrecta del mapa o incluso de un problema de comunicación.
Determinar quién responde — conductor, operador, fabricante, proveedor del sistema u otra entidad — se vuelve, por tanto, más complejo.
También por ello los tests exigen seguros y registro de datos: tras un incidente, será necesario entender exactamente qué detectó el coche y qué decisiones tomó.
¿Y si alguien logra atacar el coche informáticamente?
La ciberseguridad es otra consecuencia inevitable.
Cuanto más funciones un coche cede al software y a las comunicaciones externas, mayor es la necesidad de impedir accesos no autorizados.
Un problema informático en un sistema de entretenimiento es una cosa. Una vulnerabilidad en un sistema que controla la dirección, el frenado o la aceleración es completamente diferente.
Por ello, los proyectos de conducción autónoma deben incluir requisitos específicos de ciberseguridad y mecanismos destinados a proteger los sistemas y los datos producidos por los vehículos.
¿Por qué Europa quiere acelerar ahora?
También hay una cuestión industrial. La conducción autónoma se ha convertido en una de las áreas de competencia entre fabricantes tradicionales, empresas tecnológicas y nuevos grupos automovilísticos.
EE. UU. y China ya cuentan con numerosos proyectos de robotaxis y vehículos autónomos en pruebas o en exploración comercial limitada.
Europa dispone de fabricantes, proveedores, centros tecnológicos y capacidad de investigación, pero enfrenta el desafío adicional de un mercado dividido por fronteras y diferentes marcos nacionales.
Crear grandes zonas comunes de pruebas busca precisamente reducir esa desventaja.
La Unión Europea también ha destinado financiación a la infraestructura digital necesaria para hacer posible una movilidad cada vez más conectada y automatizada.
¿Podemos llegar a los robotaxis en Portugal?
Es una posibilidad futura, pero la adhesión anunciada ahora no significa que Portugal esté a punto de autorizar robotaxis a circular libremente por Lisboa, Oporto u otras ciudades.
Entre probar una tecnología y permitir su explotación comercial hay una diferencia considerable.
Será necesario demostrar seguridad, crear reglas de responsabilidad, definir seguros, adaptar la legislación y determinar en qué circunstancias un vehículo podrá circular efectivamente sin conductor.
Y probablemente la conducción autónoma no llegará a todas las carreteras al mismo tiempo.
Los primeros servicios tienden a funcionar mejor en entornos delimitados, altamente mapeados y relativamente previsibles.
¿Qué puede cambiar para los que conducen?
La consecuencia más importante quizá no sea ver de pronto coches vacíos a nuestro lado.
La tecnología desarrollada para vehículos autónomos se va incorporando progresivamente en los coches convencionales.
Sensores más sofisticados, sistemas de frenado automáticos, reconocimiento de peatones, control de carril, cámaras, radares y software capaz de anticipar situaciones peligrosas son ejemplos de esa transferencia tecnológica.
O sea, incluso si la autonomía total tarda, parte de la tecnología necesaria para llegar allí seguirá entrando en los automóviles conducidos por personas.
¿Qué sucede a continuación?
La entrada de Portugal en la iniciativa europea es esencialmente una preparación para lo que podría suceder en los próximos años.
Primero será necesario crear corredores y áreas de prueba, acercar procedimientos entre países y experimentar con vehículos en condiciones reales.
Después será necesario evaluar los resultados.
Sólo cuando los sistemas demuestren que pueden funcionar de forma segura, predecible y compatible con las reglas europeas podrá avanzarse hacia un uso comercial más amplio.
Por eso, la pregunta ya no es solo si habrá vehículos autónomos en las carreteras portuguesas.
Portugal se está preparando ahora para descubrir cuándo, dónde y en qué condiciones podrán circular.