Comprar un automóvil nuevo suele ser motivo de celebración. Pero para un italiano de 54 años, la alegría de salir del concesionario al volante de un Porsche Macan duró muy poco. Una operación policial de rutina convirtió el primer viaje en una pesadilla que acabaría involucrando a médicos, tribunales y la confiscación del vehículo.
El episodio ocurrió en Italia y tuvo un desenlace inesperado. El conductor se quedó sin el Porsche y sin la licencia de conducir, a pesar de que nunca se demostró que condujera bajo los efectos del alcohol. La explicación residía en un problema de salud que más tarde sería debidamente reconocido.
Todo empezó con una prueba de alcohol
Según relata el ‘El País’, el caso se remonta a la noche del 24 de abril, cuando el propietario circulaba por la provincia italiana de Pordenone y fue detenido por los Carabinieri.
Los agentes solicitaron una prueba de alcoholemia, a la que el hombre accedió. El problema surgió cuando intentó soplar en el aparato.
Cada vez que intentaba realizar la prueba, empezaba a toser violentamente. El aire salía de forma irregular e insuficiente, impidiendo que el equipo obtuviera una lectura válida.
Después de varios intentos fallidos, los agentes sospecharon que el conductor estaba evitando deliberadamente la prueba. La situación terminó siendo tratada como una posible negativa a colaborar.
Pero había un detalle fundamental: el aparato nunca consiguió medir la tasa de alcohol. No existía ningún resultado positivo que demostrara que el hombre había bebido.
Se quedó sin el Porsche y sin la licencia de conducir
El propietario explicó que sufría durante varios años de problemas respiratorios que le impedían mantener una expiración lo suficientemente prolongada.
Al día siguiente, presentó documentación médica para justificar las dificultades, pero los primeros certificados no fueron considerados suficientes por las autoridades.
Las consecuencias fueron rápidas.
El 27 de abril, le retiraron la licencia de conducir y el Porsche Macan, que acababa de comprar, fue confiscado. Tres días después, las autoridades acordaron la suspensión de la licencia durante un año.
En menos de una semana, el hombre pasó de la satisfacción de estrenar un coche nuevo a la imposibilidad de conducirlo, enfrentando además un proceso penal.
La defensa decidió entonces recurrir a especialistas médicos.
Dos médicos llegaron a la misma conclusión
Un primer informe médico-pericial concluía que las dificultades del conductor eran compatibles con un cuadro de asma y alergias, capaz de provocar los episodios de tos durante la prueba.
El Ministerio Público solicitó una segunda evaluación, esta vez realizada por un médico forense independiente.
El resultado confirmó esencialmente la primera conclusión: la enfermedad respiratoria podía explicar la imposibilidad de proporcionar una muestra válida, sin que ello significara un intento deliberado de escapar al control policial.
Ante las nuevas pruebas, el Ministerio Público pidió el archivo del proceso penal, decisión aceptada por el juez de instrucción el 6 de julio.
Entretanto, el proceso administrativo también empezó a revertirse. Las medidas quedaron provisionalmente suspendidas y acabaron por ser anuladas, permitiendo al propietario recuperar la licencia de conducir y el Porsche.
Más de dos meses después de aquella primera viaje, el italiano pudo finalmente volver a conducir el automóvil que había comprado.
¿No poder soplar es lo mismo que negarse?
El caso plantea una cuestión importante: ¿la imposibilidad física de realizar una prueba de alcoholemia puede confundirse con una negativa?
En Italia, la jurisprudencia ya ha reconocido que determinadas enfermedades respiratorias pueden impedir que un conductor aporte la cantidad de aire necesaria para una medición válida.
La Corte de Casación italiana se ha pronunciado sobre situaciones semejantes, distinguiendo entre los casos en que existe una limitación médica comprobada y aquellos en que el conductor busca deliberadamente impedir el funcionamiento del aparato.
Eso no significa que cualquier intento fallido sea automáticamente justificado. Las circunstancias y las pruebas médicas siguen siendo determinantes.
En el caso de este propietario, precisamente esas pruebas fueron las que marcaron la diferencia.
El Porsche acabó regresando a las manos del dueño, pero el primer viaje quedó sin duda muy lejos de la experiencia que había imaginado al salir del concesionario.
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