Un Ferrari Dino 246 GTS desapareció en Los Ángeles poco después de haber sido comprado. Cuatro años después, en 1978, las autoridades lo localizaron enterrado en el patio de una casa. El hallazgo se convirtió en noticia, pero la historia verdadera empezó a salir a la luz décadas después. Y hasta la explicación sobre quién encontró el automóvil escondía un secreto.
Todo comenzó en 1974, cuando Rosendo Cruz, un fontanero de California, compró un Ferrari Dino 246 GTS verde para regalárselo a su mujer. El deportivo costó alrededor de 22.500 dólares y fue adquirido en un concesionario de Los Ángeles.
En diciembre de ese año, el propietario denunció la desaparición del automóvil, supuestamente robado mientras la pareja cenaba. La aseguradora lo indemnizó y el caso parecía cerrado.
Pero, en febrero de 1978, el Ferrari volvió a aparecer en un lugar absolutamente improbable: bajo tierra, en el patio de una vivienda en West Athens, en las afueras de Los Ángeles.
El descubrimiento que sorprendió a la policía
En ese momento, el ‘Los Angeles Times’ informó que algunos niños habían encontrado una superficie dura mientras cavaban en el patio.
La policía fue llamada al lugar y, con maquinaria, sacó de la tierra un Ferrari Dino 246 GTS que figuraba en la lista de vehículos robados.
Las fotografías de la operación se difundieron rápidamente y convirtieron el hallazgo en una de las historias automovilísticas más insólitas de la época.
El Ferrari había sido cubierto con alfombras y otros materiales, aparentemente para protegerlo. Aun así, los años enterrado dejaron signos: la carrocería mostraba corrosión y el interior estaba dañado.
La aseguradora, que entretanto se había convertido en dueña del vehículo, decidió ponerlo a la venta.
Pero surgía una pregunta que seguía sin respuesta: ¿quién había enterrado un Ferrari prácticamente nuevo y por qué?
¿Afinal, la historia de las niñas no era verdadera?
Décadas después, una investigación de ‘Jalopnik’ aportó nuevos elementos al caso.
En 2012, el periodista Mike Spinelli habló con Dennis Carroll, uno de los investigadores involucrados en el hallazgo. Según el antiguo detective, la historia de las niñas había sido inventada por la policía para proteger la identidad de un informante.
En realidad, las autoridades habrían recibido una denuncia anónima sobre un coche enterrado en un patio, posiblemente relacionado con un esquema de fraude de seguros.
De acuerdo con el relato de Carroll, el propietario habría organizado la desaparición del Ferrari para recibir la indemnización. Los hombres implicados debían hacer desaparecer el automóvil, pero decidieron enterrarlo, con la esperanza de recuperarlo más tarde.
Esta versión, también recuperada en un reportaje publicado por la ‘CNN Brasil’, ayuda a explicar por qué razón el Dino fue encontrado relativamente protegido, en lugar de haber sido abandonado o destruido.
Sin embargo, la alegada fraude debe entenderse como la versión presentada por el antiguo investigador y no como una condena judicial documentada en las fuentes consultadas.
El Ferrari sobrevivió y volvió a la carretera
El destino del automóvil terminó siendo tan sorprendente como el hallazgo.
Después de pasar por una venta organizada por la aseguradora, el Dino llegó a manos de Brad Howard, quien apostó por su recuperación.
Según contó al ‘Jalopnik’, Howard creía que el periodo de sequía vivido en California durante aquellos años podría haber ayudado a preservar el Ferrari bajo tierra.
El motor fue recuperado con la ayuda de Giuseppe Cappalonga, especialista de la marca italiana, y la carrocería y el habitáculo recibieron los trabajos necesarios para devolver el automóvil a la carretera.
El Ferrari pasó a lucir una matrícula personalizada con la inscripción “DUG UP”, expresión inglesa que significa “desenterrado”.
La historia continúa despertando curiosidad casi medio siglo después. No es difícil entender por qué: un Ferrari que desaparece, un hallazgo bajo tierra, una versión policial que al final no correspondía a la realidad y un clásico que logró regresar a la carretera.
Y, al final, tal vez la mayor sorpresa sea esta: los hombres que debían hacer desaparecer el automóvil terminaron, involuntariamente, por contribuir a su supervivencia.