Hay motores rugiendo, mecánicos en los boxes e ingenieros agarrados a la telemetría. Solo falta una cosa que, hasta ahora, parecía indispensable en una carrera: los pilotos.
El histórico circuito de Imola, en Italia, recibió la primera carrera europea con varios coches totalmente autónomos en pista al mismo tiempo. Cinco monoplazas compitieron sin volante, sin pedales y sin nadie al mando, dejando las decisiones de frenado, aceleración, trayectoria y adelantamiento en manos de la inteligencia artificial.
Según Euronews, participaron cinco equipos de la Abu Dhabi Autonomous Racing League (A2RL), provenientes de Alemania, Italia y los Emiratos Árabes Unidos. La prueba se celebró el 5 de septiembre y terminó con la victoria de Kinetiz, de los Emiratos Árabes Unidos, tras completar 12 vueltas.
El coche es el mismo. El “piloto” es quien cambia
Hay una particularidad que hace que la competición sea especialmente interesante: los equipos no ganan por haber construido un coche más rápido.
Todos utilizaron monoplazas basados en el Dallara Super Formula SF23, desarrollado para la Super Formula japonesa. Se retiraron los mandos destinados al piloto e instalaron los sistemas necesarios para permitir que cada coche perciba por sí solo lo que ocurre a su alrededor.
Cámaras, radares y sensores LiDAR funcionan como los “ojos” del automóvil. La información recogida se procesa en la computadora de a bordo, que luego debe decidir cuándo frenar, acelerar o cambiar de trayectoria.
Aquí es donde empieza realmente la carrera.
Los equipos de ingenieros desarrollan el software y el piloto virtual, trabajan durante horas en simuladores e intentan encontrar el equilibrio entre dos cosas que cualquier piloto humano conoce muy bien: ser lo suficientemente rápidos para ganar sin exceder el límite que podría provocar un accidente.
Stephane Timpano, director ejecutivo de ASPIRE, organización responsable del evento, explicó a Euronews que, aunque sean científicos, cuando llega el momento de la competición el objetivo deja de ser solo experimentar tecnología: cada equipo quiere demostrar que tiene el mejor software y el mejor código.
Después de la salida, los ingenieros ya no pueden hacer nada
Quizá esa sea la parte más curiosa.
Todo el trabajo humano ocurre antes de la carrera. Cuando los coches arrancan, los ingenieros deben confiar en lo que han programado y dejar que la inteligencia artificial tome las decisiones.
Sascha Buettner, responsable del equipo TUM de la Universidad Técnica de Múnich, comparó la experiencia con dejar a un niño hacer lo que aprendió mientras los adultos se limitan a observar y a desear que todo salga bien.
Y puede que no salga bien.
El piloto virtual debe reaccionar ante otros automóviles que circulan a altas velocidades, elegir trayectorias, evaluar riesgos y adaptarse a situaciones que no son necesariamente idénticas a las que encontró durante miles de simulaciones.
Precisamente esa imprevisibilidad es la que interesa a los investigadores.
Alexander Winkler, responsable deportivo de la A2RL, explicó que la competición permite probar situaciones de riesgo en un entorno controlado y a alta velocidad. Colocar varios coches autónomos de forma simultánea en pista crea también escenarios y datos muy difíciles de reproducir durante pruebas convencionales en carretera.
Una pista de Fórmula 1 transformada en un laboratorio
La idea, por tanto, no es solo descubrir cuál es la computadora más rápida.
Imola se transforma en un laboratorio donde los sistemas de conducción autónoma pueden acercarse mucho más al límite de lo que sería posible en una carretera pública.
Marko Bertogna, profesor de la Universidad de Modena y Reggio Emilia, describió a Euronews el desafío como uno de los problemas de ingeniería más difíciles de la actualidad: no se trata solo de hacer que un automóvil conduzca solo, sino de lograr que lo haga cuando está próximo al límite de sus capacidades.
La propia A2RL presenta las carreras como un banco de pruebas para la inteligencia artificial en condiciones extremas. Tras las primeras pruebas en Abu Dhabi, la presencia en Imola marcó el debut internacional de la competición.
La IA ya es rápida. Pero aún le falta una cosa
La experiencia deja, sin embargo, una conclusión particularmente interesante.
Los responsables de la competición consideran que los coches autónomos ya pueden acercarse a pilotos profesionales en rendimiento puro. Eso no significa que puedan conducir como ellos.
Timpano reconoce que la inteligencia artificial aún no logra reproducir aquello a lo que llama la “fantasía” de un piloto: la capacidad humana para improvisar, interpretar una situación de forma inesperada o encontrar una solución que no estaba necesariamente prevista por el código.
Y quizá sea precisamente ahí donde se encuentra la frontera más interesante de esta carrera.
En Imola, cinco coches ya lograron competir sin nadie sentado al volante. El próximo desafío no será solo hacerlos avanzar más rápido, sino entender si un piloto hecho de código logrará algún día improvisar como aquel que aún usa casco y traje de competición.