En una bicicleta convencional, quedarse sin batería significa perder la asistencia eléctrica y seguir pedaleando. ¿Pero qué ocurre cuando los pedales ni siquiera están conectados mecánicamente a la rueda? Eso fue lo que un propietario de una bicicleta eléctrica de ALSO decidió descubrir. Y la experiencia reveló una solución ingeniosa, aunque con limitaciones que se volvieron evidentes en la primera subida.
La experiencia fue difundida por ‘Electrek’ y tuvo como protagonista a Aaron Draczynski, uno de los primeros propietarios de la ALSO TM-B, una bicicleta eléctrica desarrollada por una empresa nacida vinculada a Rivian, fabricante de automóviles eléctricos.
El modelo se distingue por prescindir de la tradicional conexión mecánica entre los pedales y la rueda trasera. No existe una corriente convencional que transmita directamente la fuerza de las piernas al movimiento de la bicicleta.
En su lugar, los pedales accionan un generador eléctrico, mientras un motor es responsable de mover la rueda. Todo el funcionamiento se controla electrónicamente, a través de un sistema que la fabricante denomina DreamRide.
Esta arquitectura permite simular diferentes cambios, ajustar la resistencia de los pedales y multiplicar el esfuerzo del ciclista con asistencia eléctrica.
Pero plantea una cuestión inevitable: si la batería se queda sin energía, ¿cómo continúa avanzando la bicicleta?
Comenzó con 31% de batería y la asistencia fue desapareciendo
Para descubrir la respuesta, Draczynski inició un viaje con solo 31% de carga, dejando que la batería se descargara progresivamente.
La primera sorpresa surgió antes de que la energía se agotara.
A medida que la carga disminuía, la bicicleta empezó a reducir automáticamente la asistencia eléctrica, limitando la potencia disponible para prolongar la autonomía.
Entre el 23% y el 13%, el nivel máximo de asistencia cayó de ocho a cinco. Al 10%, ya estaba limitado al nivel cuatro.
La reducción continuó hasta quedar solo el nivel más bajo de asistencia.
Cuando la batería llegó al 4%, el sistema dejó de proporcionar la ayuda eléctrica habitual.
Fue entonces cuando la experiencia se volvió verdaderamente interesante.
Entró en funcionamiento un modo con un nombre bastante curioso
En la pantalla de la bicicleta apareció un símbolo de infinito, indicando la entrada en un modo de funcionamiento que el propietario describió como “Infinite Turtle Mode”, o modo tortuga infinito.
A pesar del nombre divertido, la solución es técnicamente interesante.
En lugar de depender de la energía almacenada en la batería para asistir al ciclista, el sistema utiliza la electricidad producida por el movimiento de los pedales para alimentar el motor que hace girar la rueda trasera.
O sea, las piernas siguen proporcionando la energía necesaria para avanzar, pero esa energía pasa por un circuito eléctrico, en lugar de ser transmitida a través de una corriente.
Y, sorprendentemente, en terreno llano, el sistema funcionó.
El propietario describió la sensación como similar a pedalear una bicicleta convencional en un cambio relativamente pesado, pero aún lo suficientemente cómodo para mantener el movimiento.
El problema surgió cuando el recorrido dejó de ser llano.
La primera subida convirtió la experiencia en un verdadero esfuerzo físico
Al llegar a una zona inclinada, Draczynski se dio cuenta rápidamente de las limitaciones del sistema.
La bicicleta pasó a exigir un esfuerzo considerablemente mayor, como si estuviera atrapada en una marcha demasiado larga para enfrentar una subida.
El propietario comparó la sensación con intentar subir una cuesta en una bicicleta convencional utilizando la séptima u octava marcha.
Para complicar la situación, el sistema dejó de permitir seleccionar manualmente los cambios virtuales, restando al ciclista la posibilidad de escoger una relación más ligera.
El regreso a casa, a través de una zona con varias subidas, se convirtió en una tarea físicamente exigente.
La bicicleta seguía desplazándose, pero estaba lejos de proporcionar la experiencia de una bicicleta convencional sin asistencia eléctrica.
Y hubo otro problema con la batería
La experiencia también reveló una situación inesperada cuando la bicicleta estaba estacionada.
Según el propietario, en una ocasión dejó la ALSO TM-B en el garaje con alrededor de 70% de batería.
La noche siguiente, la carga había descendido a 40% y, un día después, se encontraba en el 18%, a pesar de que la bicicleta no había sido utilizada.
Posteriormente, el sistema mostró un mensaje que indicaba que era necesario instalar la batería, aunque ya estaba colocada.
La bicicleta dejó temporalmente de reconocer la batería, impidiendo también la carga normal.
El problema terminó por resolverse mediante un botón físico de reinicio, ubicado en la parte inferior del cuadro.
Draczynski sospecha que la descarga anómala podría estar relacionada con el intento de establecer una conexión a la red móvil en un garaje sin cobertura, pero esa explicación no fue confirmada por el fabricante.
Se trata, por ello, de una ocurrencia reportada en un ejemplar específico, y no de un defecto que se pueda atribuir a todas las bicicletas de este modelo.
¿Una bicicleta eléctrica sin corriente puede funcionar sin batería?
La respuesta es sí, pero con algunas condiciones.
La ALSO TM-B demuestra que es posible seguir pedaleando incluso después de que la asistencia eléctrica convencional desaparezca, gracias a la energía producida por el propio ciclista.
Sin embargo, el sistema no ofrece la misma libertad que una transmisión mecánica tradicional, sobre todo cuando hay que enfrentar subidas.
Según la documentación de ALSO, el modo de emergencia permite mantener una velocidad reducida, aproximadamente entre 8 y 11 km/h, en condiciones favorables.
La experiencia también muestra una diferencia importante entre una bicicleta eléctrica convencional y un modelo que depende enteramente de una transmisión electrónica.
En la primera, la corriente continúa permitiendo que el ciclista mueva la rueda cuando la batería se agota. En la segunda, el movimiento depende del funcionamiento de los componentes electrónicos que hacen la conexión entre los pedales y el motor.
Es una solución tecnológicamente ambiciosa, pero que puede convertir una simple subida en un desafío inesperado.
Y, tras esta experiencia, hay una conclusión bastante práctica: en una bicicleta eléctrica sin corriente, quizás sea aún más importante no dejar que la batería llegue a terminarse.
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