Durante años fueron señales de un coche barato. Ahora, los coches eléctricos recuperan los tapacubos por una razón sorprendente

23 octubre, 2026

Durante décadas, los tapacubos fueron una solución económica para ocultar las llantas de acero de los automóviles más asequibles. Con la popularización de las llantas de aleación, parecían destinados a desaparecer. Pero los coches eléctricos les están dando una segunda vida, y esta vez la razón va mucho más allá de la estética.

Hubo una época en la que los tapacubos formaban parte de la identidad visual de muchos automóviles. Algunas eran simples piezas de plástico, destinadas a disimular las llantas de acero. Otras tenían acabados elaborados y llegaban a convertirse en un rasgo distintivo de modelos de prestigio.

Con el paso de los años, las llantas de aleación se volvieron más accesibles y comenzaron a equipar a un número cada vez mayor de automóviles. Los tapacubos perdieron protagonismo y terminaron asociándose, sobre todo, a las versiones de entrada de gama.

Ahora, sin embargo, están regresando. Y la explicación se halla en una de las principales preocupaciones de la industria automotriz: la eficiencia energética.

Según el diario español El Economista, los fabricantes están recuperando este elemento para mejorar la aerodinámica de las ruedas, especialmente en los vehículos eléctricos.

¿Por qué un simple tapacubo puede aumentar la autonomía?

En un automóvil eléctrico, la resistencia al aire tiene una influencia importante en el consumo de energía, especialmente a velocidades más elevadas.

Aunque la atención se centra con frecuencia en la forma de la carrocería, en las entradas de aire o en los retrovisores, las ruedas también interfieren con el flujo de aire alrededor del vehículo.

Las aberturas de la llanta y su movimiento de rotación pueden generar turbulencias, aumentando la resistencia aerodinámica.

Es aquí donde entran los nuevos tapacubos.

Al cubrir parte de la superficie de la llanta, estas piezas ayudan a controlar el paso del aire y pueden reducir las pérdidas aerodinámicas. El resultado es una mejora potencial de la eficiencia y, en consecuencia, de la autonomía.

La ganancia depende del diseño de las llantas, de la velocidad y de las condiciones de uso, por lo que no existe un aumento de autonomía igual para todos los automóviles.

Tesla ayudó a revivir una idea antigua

Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en el Model 3 de Tesla.

El modelo utiliza cubiertas aerodinámicas que se acoplan a las llantas, combinando la estructura de aleación con una superficie exterior concebida para reducir la resistencia al aire.

La solución demuestra que los tapacubos modernos ya no sirven solo para ocultar una llanta menos atractiva.

Al contrario, pueden funcionar como un componente técnico, diseñado para mejorar el rendimiento energético del automóvil.

ElEconomista destaca también al nuevo Lexus ES, que recurre a cubiertas aerodinámicas en llantas de aleación de 19 pulgadas.

La presencia de esta solución en un modelo de una marca premium demuestra cómo un elemento previamente asociado a la reducción de costos puede pasar a formar parte de una estrategia de eficiencia y de diseño.

Citroën ya había mostrado que los tapacubos podían ser un lujo

Mucho antes de la llegada de los eléctricos, Citroën exploró el potencial estético de los tapacubos.

El DS Pallas, por ejemplo, destacó por sus cubiertas de rueda en acero pulido, que contribuían a reforzar la imagen sofisticada del modelo.

Décadas después, el XM también utilizó soluciones propias, con acabados que contribuían a la identidad visual del automóvil.

La marca francesa volvió a explorar este elemento en ejercicios de diseño de inspiración retro, demostrando que un tapacubo puede ser más que un simple accesorio.

La diferencia es que, actualmente, el diseño de estas piezas también debe responder a exigencias técnicas.

¿Van a desaparecer las llantas de aleación?

No. El regreso de los tapacubos no significa el fin de las llantas de aleación.

En realidad, muchas de las soluciones actuales combinan precisamente ambos elementos: una llanta de aleación convencional y una cubierta exterior, a menudo fabricada en plástico, con un diseño pensado para mejorar la aerodinámica.

Esta combinación permite conciliar estética, peso, costos de producción y eficiencia.

Tampoco significa que todos los automóviles vayan a usar ruedas prácticamente cerradas. Las necesidades de refrigeración de los frenos y las características de cada vehículo siguen influyendo en el diseño de las llantas.

Lo que cambió fue la importancia asignada a un detalle que durante años parecía haber perdido utilidad.

En un automóvil eléctrico, donde cada mejora de eficiencia puede ayudar a ganar autonomía, incluso una pieza tan simple como un tapacubo volvió a merecer la atención de los ingenieros.

Nicolás Herrera

Soy periodista especializado en actualidad automotriz y movilidad. Desde Morelos sigo de cerca las novedades del sector, los nuevos modelos, la tecnología, la Fórmula 1 y los temas que afectan cada día a quienes viven la carretera.