En 1986, BMW presentó un automóvil destinado a conquistar las pistas y enfrentarse a la Mercedes. Contaba con apenas 200 CV, un motor de cuatro cilindros y una carrocería que ocultaba una auténtica máquina de competición. Cuatro décadas después, el primer BMW M3 sigue siendo una referencia entre los deportivos y algunos ejemplares ya se acercan al medio millón de euros.
Hay automóviles que quedan grabados en la historia por su potencia, otros por su diseño y algunos por sus victorias en las pistas. El BMW M3 E30 logró reunir todos estos ingredientes, convirtiéndose en uno de los modelos más emblemáticos jamás producido por la marca alemana.
Este año, el M3 celebra cuatro décadas de existencia, precisamente cuando BMW prepara una nueva etapa en su historia, con una futura generación que debería incluir una versión totalmente eléctrica, sin abandonar las motorizaciones de combustión.
Pero antes de la electrificación, de potencias superiores a 500 CV y de los sofisticados sistemas electrónicos actuales, todo comenzó con un Serie 3 de segunda generación, un motor de cuatro cilindros y un objetivo muy concreto: vencer carreras.
Según recuerda la ‘L’Automobile Magazine’, el primer BMW M3 nació en 1986, en un momento en que la rivalidad entre los fabricantes alemanes estaba transformando las berlinas familiares en verdaderas máquinas de competición.
1986: nace el primer BMW M3
La historia empieza con el BMW Serie 3 E30, la segunda generación del modelo, que sirvió de base al trabajo de los ingenieros de la división Motorsport.
El objetivo no era simplemente crear una versión más potente de un automóvil de carretera. BMW necesitaba un modelo desarrollado para la competición, capaz de enfrentarse a los adversarios en los campeonatos de turismos.
Para ello, los ingenieros recurrieron al motor S14, un cuatro cilindros de 2,3 litros que desarrollaba 200 CV.
Hoy, este valor puede parecer modesto, sobre todo cuando se compara con los más de 500 CV de algunas versiones modernas del M3. Pero, a mediados de los años 80, era suficiente para transformar el pequeño Serie 3 en uno de los deportivos más respetados de su categoría.
El motor destacaba por su capacidad de alcanzar regímenes elevados, ofreciendo una respuesta particularmente deportiva. La carrocería recibió cambios aerodinámicos, vías ensanchadas y soluciones desarrolladas para mejorar el comportamiento en pista.
El resultado era un automóvil capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 6,9 segundos y de alcanzar una velocidad máxima de 235 km/h.
Para entender la magnitud de estos números, basta recordar que el BMW 325i de la misma época, equipado con un motor de seis cilindros en línea, desarrollaba 170 CV.
El M3 no era solo más potente. Era una máquina concebida con una filosofía distinta, en la que el comportamiento dinámico y la eficacia en curva tenían tanta importancia como la velocidad máxima.
La rivalidad con la Mercedes que ayudó a crear una leyenda
La historia del primer M3 no puede contarse sin mencionar a la Mercedes-Benz 190 E 2.3-16.
Presentado antes que el BMW, el modelo de Mercedes utilizaba un motor de cuatro cilindros y 16 válvulas, desarrollado con la colaboración de la británica Cosworth, capaz de producir 185 CV.
Al igual que ocurriría con el M3, la idea era crear una berlina con características adecuadas a la competición, manteniendo la posibilidad de uso en carretera.
Ambos fabricantes se encontraron en una disputa que marcaría profundamente la segunda mitad de los años 80 y el inicio de la década siguiente.
La rivalidad ganó una expresión particular en el Campeonato Alemán de Turismos, el DTM, donde BMW y Mercedes buscaban constantemente nuevas soluciones para mejorar el rendimiento de sus automóviles.
Esta competición acabó beneficiando también a los clientes, ya que las exigencias de homologación dieron origen a versiones de carretera cada vez más sofisticadas.
Evolution II y Sport Evolution: cuando la BMW llevó el M3 aún más lejos
El primer BMW M3 no permaneció inalterado durante su carrera.
A medida que la competición se volvía más exigente, BMW desarrolló nuevas versiones para mejorar el rendimiento del modelo.
Una de las más importantes fue el M3 Evolution II, que elevó la potencia del motor de 2,3 litros a 220 CV.
Con esta evolución, la velocidad máxima pasó a 243 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h bajó a 6,6 segundos.
Pero BMW aún tenía más argumentos preparados.
El M3 Sport Evolution representó una de las expresiones máximas de la primera generación. La cilindrada aumentó a 2,5 litros y la potencia alcanzó los 238 CV.
El resultado fue una velocidad máxima cercana a los 250 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en torno a 6,5 segundos.
La Mercedes no se quedó quieta. La evolución del 190 E dio lugar al 2.5-16 y, posteriormente, al espectacular Evolution II, con 235 CV.
La competición entre los dos fabricantes se convirtió en uno de los capítulos más memorables de la historia de los deportivos alemanes, ayudando a consolidar la reputación de las divisiones de alto rendimiento de ambas marcas.
Un deportivo producido en números relativamente reducidos
La primera generación del BMW M3 permaneció en producción entre 1986 y 1991.
De acuerdo con los números presentados por L’Automobile Magazine, fueron producidos 17.086 ejemplares coupé y apenas 786 descapotables.
La gama incluyó varias ediciones especiales, algunas asociadas a pilotos que marcaron la historia de BMW en la competición.
Entre ellas se encuentran las versiones Cecotto, Ravaglia y Europameister, que se distinguen por equipamientos específicos, características mecánicas y producción limitada.
El BMW M3 Cecotto, por ejemplo, rendía homenaje al piloto Johnny Cecotto y utilizaba una evolución del motor de 2,3 litros con 215 CV.
Estas versiones ayudaron a transformar el M3 E30 en un automóvil particularmente codiciado por los coleccionistas, sobre todo cuando se encuentra en estado original y con kilometraje reducido.
De automóvil de competición a clásico de casi medio millón de euros
Cuarenta años después de su lanzamiento, el primer BMW M3 es uno de los modelos más valorados de la historia de la división Motorsport.
Los precios varían significativamente según la versión, el estado de conservación y el kilometraje.
Según la ‘L’Automobile Magazine’, ejemplares del M3 E30 pueden transaccionarse por valores entre 40.000 y más de 130.000 euros, mientras que algunas series especiales alcanzan frecuentemente precios superiores.
Pero hay automóviles que superan largamente estas referencias.
En julio, un BMW M3 E30 Sport Evolution, con apenas 4.503 kilómetros en el odómetro, fue vendido en una subasta organizada por RM Sotheby’s por 473.600 euros.
El ejemplar pertenecía a la serie limitada de 600 unidades del Sport Evolution, una de las versiones más raras y buscadas de la primera generación.
El valor superó el récord anterior de 326 mil euros alcanzado por otro M3 Sport Evolution, este con alrededor de 37 mil kilómetros.
La diferencia demuestra la importancia que la originalidad, la rareza y el estado de conservación asumen en el mercado de los automóviles clásicos.
Quarenta años después, el M3 se prepara para una nueva era
El BMW M3 ha recorrido un largo camino desde aquel primer modelo de 1986.
A lo largo de cuatro décadas, ha pasado por distintas generaciones, motores de cuatro y seis cilindros, versiones con motor V8 y una evolución tecnológica que transformó profundamente el concepto original.
Ahora, BMW prepara un nuevo cambio, con una futura versión eléctrica frecuentemente identificada como iM3, que debería recurrir a una arquitectura de alto rendimiento y a soluciones tecnológicas muy distintas de las utilizadas en el primer E30.
Al mismo tiempo, la marca pretende mantener una alternativa con motor de combustión, preservando el vínculo con los entusiastas que siguen valorando la experiencia de conducción tradicional.
El contraste no podría ser mayor. En 1986, bastaban 200 CV, un motor atmosférico de cuatro cilindros y una carrocería cuidadosamente preparada para crear una referencia mundial.
Cuatro décadas después, el BMW M3 continúa evolucionando, pero el primer E30 mantiene un lugar especial en la historia automovilística.
Al fin y al cabo, fue aquel pequeño deportivo, creado para enfrentar a la Mercedes en las pistas, el que dio inicio a una de las líneas más respetadas de la industria automotriz.