Una bicicleta eléctrica hecha, en gran parte, de plástico y con redes de pesca recicladas entre las materias primas. Es la propuesta de igus para la movilidad urbana, presentada por primera vez en la feria Eurobike, en Fráncfort del Meno.
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La nueva versión eléctrica de la igus:bike aprovecha la experiencia acumulada con el modelo convencional y combina un motor instalado en la rueda trasera con una batería que permite recorrer hasta 120 kilómetros. El precio anunciado empieza en 2.500 euros.
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La idea es poco habitual incluso en su propia construcción: alrededor del 50% de la bicicleta está hecha de plástico, incluyendo componentes como el cuadro, las ruedas, la tija del sillín y el manillar. El metal queda reservado sobre todo para los puntos donde sigue siendo técnicamente necesario, como la horquilla de suspensión, los discos y los cables de freno.
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De redes de pesca al cuadro de una bicicleta
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La componente más curiosa está en el origen de parte del material utilizado.
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igus trabaja con un socio belga que recoge redes perdidas por embarcaciones de pesca junto a la costa. Una vez recuperado, el material se limpia y se transforma en polvo plástico, que luego puede ser utilizado en la producción de la bicicleta.
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Según la empresa, el 50% del plástico utilizado en los cuadros proviene de este material reciclado.
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La apuesta busca dar una segunda vida a residuos particularmente problemáticos. igus cita datos de la organización ambiental WWF según los cuales aproximadamente un tercio de los residuos plásticos presentes en los océanos corresponde a materiales relacionados con la pesca, como redes y cuerdas.
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El proceso de fabricación permite producir componentes huecos, robustness y sin soldaduras. La empresa afirma haber conseguido además aumentar la rigidez del cuadro, reduciendo a la vez el espesor de las paredes y haciendo el diseño más estrecho.
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Motor con 60 Nm y hasta 120 kilómetros de autonomía
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Diseñada principalmente para desplazamientos urbanos, la nueva igus:bike eléctrica utiliza solo una velocidad y pesa aproximadamente 20 kilos.
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El motor está integrado en la rueda trasera y proporciona 60 Nm de par. La transmisión recurre a una correa dentada fabricada en fibra de carbono y plástico.
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La batería ofrece una autonomía anunciada de hasta 120 kilómetros.
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La producción en serie arrancó en el tercer trimestre de 2026 y la bicicleta eléctrica estará disponible a partir de 2.500 euros.
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igus también prepara una nueva versión sin asistencia eléctrica, equipada con un cubo de ocho velocidades.
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Antes de la versión eléctrica, hubo un viaje por 25 países
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La nueva bicicleta no nació de cero. La empresa utilizó como punto de partida la experiencia acumulada con la versión convencional de igus:bike, que realizó un viaje mundial durante aproximadamente un año y medio.
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A lo largo de esa digresión, la bicicleta pasó por 25 países y recorrió casi 6.000 kilómetros en diferentes condiciones climáticas.
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Jens Boldt, director de la unidad de negocio igus:bike, explica que la experiencia permitió probar la resistencia de los componentes en condiciones reales y aprovechar esa información en el desarrollo de la nueva versión eléctrica.
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Antes de ser utilizados, los componentes también se someten a ensayos en el laboratorio de pruebas de la empresa.
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Una bicicleta pensada para soportar la lluvia
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Hay otra característica que igus utiliza para distinguir la bicicleta de las alternativas convencionales: la reducida necesidad de mantenimiento.
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En una bicicleta tradicional, elementos como la cadena, las llantas de las ruedas, la tija del sillín o las soldaduras del cuadro pueden sufrir corrosión cuando quedan expuestos repetidamente a la lluvia.
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El uso extensivo de plástico busca eliminar gran parte de ese problema. Según la empresa, la igus:bike puede permanecer expuesta a la lluvia durante años sin sufrir corrosión.
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Los puntos de apoyo utilizan también casquillos deslizantes fabricados en polímeros de alto rendimiento y prescinden de lubricación. Estos componentes se utilizan, por ejemplo, en las palancas de freno, los pedales y los amortiguadores.
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Lubricantes sólidos microscópicos integrados en el propio material permiten su funcionamiento en seco, sin necesidad de aplicar aceites o grasas lubricantes.
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La combinación pretende responder a dos problemas urbanos diferentes: reducir el mantenimiento necesario en una bicicleta de uso diario y convertir residuos plásticos que podrían permanecer en los océanos durante años en una nueva forma de movilidad.
Esta bicicleta eléctrica hecha con redes de pesca recogidas del mar promete hasta 120 km de autonomía
Nicolás Herrera
Soy periodista especializado en actualidad automotriz y movilidad. Desde Morelos sigo de cerca las novedades del sector, los nuevos modelos, la tecnología, la Fórmula 1 y los temas que afectan cada día a quienes viven la carretera.