Los primeros coches eléctricos producidos a gran escala comienzan a envejecer y, con ellos, surge una nueva oportunidad de negocio. Las baterías extraídas de modelos como el Nissan Leaf y el Renault Zoe están alimentando un mercado de segunda mano que reúne a fabricantes, empresas de almacenamiento de energía y operadores de reciclaje. Pero no todas encuentran fácilmente un nuevo destino.
Según el ‘Motor1’, el envejecimiento de los primeros automóviles eléctricos vendidos en Europa está creando un mercado que prácticamente no existía hace una década. A medida que los vehículos llegan al final de su vida útil o ya no justifican reparaciones costosas, las baterías pueden seguir teniendo valor económico.
Es en este contexto que empresas como la alemana Circunomics, con sede en Maguncia, buscan acercar a los fabricantes de automóviles a posibles compradores de baterías usadas. La empresa ya colabora con grupos como Stellantis y Audi.
Felix Wagner, director ejecutivo de Circunomics, considera que el mercado posventa de las baterías de los automóviles eléctricos está finalmente ganando dimensión.
Una batería usada puede tener tres destinos distintos
Cuando una batería deja de utilizarse en un coche eléctrico, eso no significa necesariamente que haya llegado al final de su vida útil.
Dependiendo del estado de conservación, de la capacidad disponible y de las condiciones de seguridad, puede reutilizarse en otro vehículo, integrarse en un sistema estacionario de almacenamiento de energía o enviarse a reciclaje.
La segunda posibilidad es especialmente interesante. Una batería que ya no responde a las exigencias de uso en un automóvil puede, en determinadas condiciones, continuar sirviendo para almacenar electricidad, por ejemplo, en instalaciones vinculadas a fuentes de energía renovable.
Según Felix Wagner, entre el 50% y el 60% de las baterías consideradas aptas para reutilización acaban destinadas a sistemas de almacenamiento estacionarios. Alrededor del 30% van directamente a reciclaje y el resto encuentra una nueva utilidad en vehículos.
Estas proporciones, presentadas por el responsable de Circunomics, no deben confundirse con estadísticas universales sobre todas las baterías retiradas de circulación.
Un mercado que podría alcanzar casi 216 mil millones de dólares
El potencial económico es significativo.
Un estudio de AXA Novi y Wolk & Nikolic After Sales Intelligence, citado por ‘Motor1’, indica que el mercado mundial de posventa de automóviles eléctricos podría acercarse a los 216 mil millones de dólares a mediados de la década de 2030.
Conviene distinguir este valor: la proyección se refiere al conjunto del mercado de posventa de los vehículos eléctricos, y no exclusivamente a las baterías usadas.
Aun así, las baterías se identifican como uno de los segmentos con mayor potencial de crecimiento.
Wagner estima que el mercado independiente de baterías de segunda mano podría representar entre el 10% y el 20% del mercado de posventa dentro de cinco años.
El responsable también considera que la reutilización de baterías podría permitir a los diez mayores fabricantes de automóviles del mundo generar ingresos adicionales de mil millones de euros a partir de 2030, mediante la venta de estos componentes para nuevas aplicaciones.
Se trata, sin embargo, de estimaciones y proyecciones empresariales, no de ingresos ya concretados.
¿Cuál es el gran problema? No todas las baterías son iguales
A pesar de las oportunidades, existe un obstáculo importante para la expansión de este negocio: la enorme diversidad de baterías disponibles.
Un taller puede retirar la batería de un Tesla en un día y, al siguiente, recibir un Renault u otro automóvil de otra marca. Los conjuntos difieren en capacidad, en arquitectura, en química y en el estado de conservación.
Esta variedad dificulta la creación de sistemas de almacenamiento de energía a gran escala, que requieren suministros regulares de componentes compatibles y con características semejantes.
Según Circunomics, los operadores de este sector pueden necesitar decenas o cientos de megavatios-hora anuales de módulos del mismo tipo, algo que el mercado independiente de baterías usadas aún tiene dificultad para garantizar.
También existe una cuestión económica. Las baterías nuevas siguen evolucionando y los precios de las celdas han ido disminuyendo, reduciendo, en algunos casos, la ventaja financiera de utilizar componentes antiguos.
Un documento del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, citado por Motor1 France, alerta precisamente sobre las dificultades competitivas de las baterías de segunda vida, debido a la degradación y a la evolución tecnológica.
Además, la reutilización no exime el cumplimiento de los requisitos técnicos y de seguridad aplicables. La legislación europea impide que una batería sea simplemente calificada como destinada a una segunda vida para eludir las exigencias regulatorias.
Hay fabricantes con baterías nuevas detenidas en almacenes
El mercado enfrenta además otro fenómeno: la acumulación de baterías que nunca llegaron a ser utilizadas.
Según Felix Wagner, algunos fabricantes adquirieron más baterías de las que efectivamente necesitaban y ahora mantienen conjuntos nuevos almacenados.
El problema es que una batería puede sufrir degradación con el paso del tiempo, incluso cuando no está siendo utilizada.
Para la industria, esta situación representa costos de almacenamiento y pérdidas potenciales de valor que, según el responsable de Circunomics, pueden alcanzar cientos de millones de euros.
Al mismo tiempo, la expansión de la capacidad de producción de baterías, especialmente en China, está presionando los precios y aumentando la competencia.
El resultado es un mercado en el que la oferta puede superar la demanda, dificultando rentabilizar baterías antiguas cuando existen alternativas nuevas a precios cada vez más competitivos.
El futuro de los coches eléctricos también depende de lo que ocurre después
La cuestión va mucho más allá del reciclaje.
A medida que los primeros automóviles eléctricos envejecen, crece la necesidad de encontrar soluciones económicamente viables para reparar, sustituir y reaprovechar sus baterías.
Una batería retirada de un vehículo puede representar un costo para el propietario, una oportunidad para una empresa de almacenamiento de energía o una fuente de materiales para la industria del reciclaje.
Pero su destino dependerá siempre del estado técnico, de la compatibilidad con nuevas aplicaciones y de los costos involucrados.
El mercado de baterías usadas está, así, transformándose en una nueva actividad económica ligada a la movilidad eléctrica. Y el verdadero desafío será lograr aprovechar el valor que aún existe en estos componentes, sin comprometer la seguridad ni hacer que la reutilización sea más cara que una batería nueva.