Un hombre espera detrás de un poste. Se acerca un Tesla Cybercab sin nadie al volante y, en el momento adecuado, salta deliberadamente hacia delante del coche.
El robotaxi le detecta y frena.
El hombre se aleja. Después vuelve a hacerlo. Y repite la experiencia varias veces.
A primera vista, el vídeo que se volvió viral en los últimos días parece solo otro intento poco recomendable de probar los límites de un automóvil autónomo. Pero hay un detalle importante: el Cybercab no falló.
Hizo exactamente lo que debía hacer.
Y es precisamente ahí donde empieza el problema.
Según reporta la ‘L’Automobile Magazine’, el episodio ocurrió en Austin, Texas, pocos días después de que Tesla pusiera en servicio comercial los primeros Cybercab. El vídeo ya acumulaba más de 1,3 millones de visualizaciones y muestra al vehículo reduciendo la velocidad o deteniéndose cada vez que el hombre entra deliberadamente en su trayectoria.
El sistema reconoció correctamente a un peatón y dio prioridad a la prevención de un atropello. Pero el comportamiento humano no era accidental ni imprevisible.
Things like this are going to be a big issue going forward with Tesla $TSLA robotaxis.
Any attention seeking lunatic can continue to do this with zero accountability and delay peoples’ rides and cause accidents. pic.twitter.com/rURKu72O4u
— Jesse Cohen (@JesseCohenInv) September 8, 2026
El Cybercab se atascó. El tráfico también
Aquí es donde la experiencia deja de ser solo una peligrosa travesura.
Al detenerse frente al peatón, el Cybercab queda inmovilizado en la calzada. En el video, un Jeep que circulaba detrás termina cambiando de carril para continuar su viaje.
No hubo ningún accidente, pero la situación muestra una consecuencia obvia: frenadas o paradas provocadas deliberadamente pueden crear problemas para los demás vehículos, especialmente si quien va detrás está distraído o no mantiene una distancia de seguridad suficiente.
O sea, el video no demuestra que el sistema de frenado autónomo de Tesla sea incapaz de reconocer a un peatón.
Demuestra prácticamente lo contrario.
El problema es que, cuando alguien se da cuenta de que un vehículo fue programado para privilegiar sistemáticamente la seguridad del peatón, puede explotar esa regla para obligarlo a detenerse.
No es necesario hackear el coche
Este es uno de los problemas más curiosos planteados por la llegada de los vehículos totalmente autónomos a las ciudades.
Un sistema no solo tiene que ser capaz de interpretar a las personas que cruzan distraídas, a los ciclistas que cambian de dirección de forma imprevista o a los conductores que cometen errores.
También tiene que enfrentar a personas que intentan deliberadamente explotar lo que saben sobre su funcionamiento.
La ‘L’Automobile Magazine’ enmarca este tipo de situaciones en las llamadas “interacciones adversarias”: comportamientos diseñados específicamente para engañar, probar o bloquear un sistema autónomo.
Y ni siquiera es necesario invadir el software.
Si el coche fue programado para nunca avanzar cuando detecta un peatón frente a él, colocarse repetidamente en su camino puede ser suficiente para dejarlo inmovilizado.
Cuanto mayor sea el número de robotaxis en las ciudades, más relevante podría volverse esta cuestión.
Un humano probablemente reaccionaría de otra manera
Imagina la misma situación con alguien al volante.
El conductor podría tocar la bocina, hacerle una señal al peatón, darse cuenta de que la persona está bloqueando deliberadamente el automóvil, intentar rodearlo cuando sea seguro o, ante la insistencia, llamar a las autoridades.
Hay una componente de interpretación social difícil de reducir a una simple secuencia de reglas.
El Cybercab fue diseñado precisamente para eliminar al humano de esa ecuación.
Es un robotaxi de dos plazas sin volante ni pedales tradicionales y, por ello, el pasajero no tiene una forma convencional de asumir la conducción de inmediato.
Frente a alguien que bloquee deliberadamente la carretera, surge entonces un dilema curioso: avanzar podría poner a la persona en peligro; permanecer parado podría bloquear la circulación.
Y todo esto sucede en un momento delicado para Tesla
El episodio aparece pocos días después del estreno comercial del Cybercab en Austin.
Tesla inició los viajes de pago con el nuevo robotaxi a principios de septiembre, al fin poniendo en las calles un vehículo desarrollado desde cero sin volante, pedales ni retrovisores convencionales. La empresa tiene 45 Cybercab registrados en Texas, según datos estatales citados por varios medios de los EE. UU.
Y las autoridades ya están atentas.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos (NHTSA) abrió una auditoría a la certificación del Cybercab inmediatamente tras su entrada en operación comercial.
La cuestión no está directamente relacionada con el hombre que aparece en el video ni con la capacidad del vehículo para reconocer peatones.
El regulador quiere entender cómo Tesla concluyó que un vehículo sin algunos de los controles tradicionalmente previstos por las normas federales cumple todos los requisitos de seguridad aplicables. Tesla autocertificó el Cybercab como estando en conformidad con esos estándares.
El problema puede no estar en el coche
El vídeo de Austin termina, así, por demostrar dos cosas aparentemente contradictorias.
Por un lado, el Cybercab reconoció el peligro y evitó atropellar al peatón cada vez que éste entró en la carretera. Por otro, mostró cómo la prudencia de un coche autónomo puede volverse predecible — y, por ello, explotable. Los vehículos autónomos se están desarrollando para circular en un mundo lleno de comportamientos humanos inesperados.
Quizás el desafío más difícil no sea enseñarles aquello que hacemos por distracción. Sino enseñarles qué hacer cuando decidimos obstaculizarlos a propósito.